18 de abril de 2016

¿Sexo en la literatura juvenil?


Aun en los tiempos que corren, hay un punto de inflexión dentro de la literatura que no parece querer pasar de moda: la presencia de relaciones sexuales. Es un recurso esperado en las novelas románticas adultas, y un requisito indispensable dentro de la erótica, pero también está aprendiendo a hacerse un hueco en la novela juvenil, aunque en su versión más casta, por lo general. Roces ardientes, unión de cuerpos y fuegos artificiales, así es como podría resumirse la incursión promedio del sexo en los libros destinados al público adolescente (y no tan adolescente), pero de hace un tiempo para acá, dichas relaciones sexuales han ido adquiriendo un tono más explícito, a veces llevado con elegancia y otras cayendo en la más burda vulgaridad.

Llegados a este punto es cuando a uno le toca preguntarse, ¿sexo sí o sexo no en la literatura juvenil?

Hablando ahora desde mi caso en particular, como lectora y proceso de escritora, me postulo como defensora de encontrar este contenido, y también de incluirlo, siempre y cuando tenga algo que hacer en la historia. Está claro que contar con algo de tensión sexual entre dos o más personajes suele resultar atractivo, nos hace desear la resolución y el encuentro final más que el desenlace de una batalla en sí, pero cuando la novela pretende contar algo más que una relación romántica, no resulta agradable toparse con un recordatorio por capítulo o que nos colapsen de intentos infructuosos en los que los personajes están casi casi casi a punto de darle al mambo y después na nain de la China por Dios sabe qué razón mística, a cada cual más deus ex machina que la anterior.

Otras veces, un escritor puede utilizar el sexo para dejar clara su postura al respecto (que ojo con la sutileza, muy importante aquí), o puntualizar algún factor psicológico en uno de los personajes que, en menor o mayor medida, resultará determinante para la trama o, al menos, para que el lector lo conozca mejor, y son medidas respetables que, llevadas adecuadamente, pueden obrar milagros, pero volvemos a lo mismo de antes: ¿cuándo es demasiado?

¿Cuándo resulta el sexo una herramienta frívola para rellenar una historia? ¿Cuándo debemos decir basta antes de que casi cambiemos el género del libro? ¿Cuándo es un mero pegote?

Pues bien, el problema es que nadie tiene la respuesta definitiva, y si alguien te la ha vendido, escúpele, puesto que está en cada lector establecer su límite, y ante eso poco o nada podemos hacer los escritores. Sin embargo, resulte más o menos llamativo para ambas partes, siempre tendremos la opción de detenernos a analizar estas preguntas. Eso sí, aconsejo franqueza y objetividad al responderse a uno mismo:

1. ¿Qué aporta a los personajes ese encuentro sexual? ¿Y a la trama? 
Si suprimes el casquete y al reimaginar el argumento del libro poco o nada parece variar, es porque el sexo ni pincha ni corta ahí. Plantéate seriamente dejarlo en un último plano, sin detenerte durante párrafos y párrafos a narrarlo. Que no te preocupe suprimirlo, porque si realmente no aporta nada a la historia, no le aportará nada al lector. 
2. En circunstancias reales, ¿resultaría tan idílico como pretendes pintarlo? 
A menudo, se idealiza la primera relación sexual entre dos personajes vírgenes, cuando por estadística (que no siempre) es más probable que sea una experiencia poco placentera, y a veces negativa. Por otro lado, también solemos olvidarnos de que los personajes están pensados para actuar como personas reales y les hacemos coger posturas imposibles o mantenerlas más tiempo de la cuenta. ¡Piensa en su integridad física, alma de cántaro! 
3. ¿Definirías el sexo como una característica indispensable en uno de los personajes? 
La sexualidad es el pan de cada día, y a veces, una característica recurrente en muchas personas. Piensa en esa amiga o conocido para quien es algo muy importante. No tiene nada de estrafalario, pero toca regresar a la primera pregunta, ¿qué tan importante es que el personaje desarrolle esa faceta para la trama? No estamos hablando de un comentarista picantón o mencionar el tema de vez en cuando, sino de un personaje cuyas relaciones sexuales realmente pesan en la historia y has de narrarlas punto por punto
4. ¿Qué quieres contar con la presencia del sexo? 
Si tu único propósito es hacer una crítica social, generar un debate saludable o llegar a un punto sobre la psicología de un personaje, te recomiendo encarecidamente que vayas con pies de plomo, porque si tu mensaje resulta demasiado confuso o nocivo para una mente joven, la cosa puede acabar bastante fea aunque tu intención nunca fuera esa.

Es importante que mantengas en el horizonte que la historia, ante todo, es tuya, y puedes hacer lo que te venga en gana con ella, eso nadie podrá discutírtelo ni echártelo en cara, pero tampoco hace daño un poco de reflexión objetiva y detenerse a analizar lo que estamos contando.

Pido que nadie se tome al pie de la letra lo aquí expuesto, ya que no es más que un punto de vista personal que, de últimas, pretende ser una pequeña ayuda para los más desorientados o aquellos a los que les cueste formarse una opinión propia al respecto, así haya contribuido en su desacuerdo. Todas las opiniones son válidas, así que no temáis decir qué pensáis vosotros, ¡no estaría nada mal crear algo de debate en los comentarios!


Y si tenéis alguna idea o sugerencia para sumar en esta entrada, ¡bienvenida sea!
Estaré encantada de incluirla a vuestro nombre.

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