23 de mayo de 2016

Carisma: esa gran desconocida.



La creación de personajes puede ser un trabajo sencillo o una tarea verdaderamente ardua. Normalmente resulta fácil darle vida y personalidad a los primeros, pero cuando ya el elenco va creciendo es común comerse la cabeza para tener “personas reales” y no monigotes de relleno con características similares.
No voy a poner el grito en el cielo y exigir que todos y cada uno de los personajes tengan una completa ficha con 300 preguntas del tipo: ‘¿Cómo se llamaba el amigo imaginario de su infancia? ¿Qué palabra odia? ¿Qué diseño tenían sus sábanas cuando dormía en la cuna?’; pero una cosa es que no tengas absolutamente pensada toda la vida de ese personaje que aparecerá dos líneas en tu libro o durante tres segundos en pantalla, y otra muy diferente es que a los personajes principales no haya por dónde cogerlos.

Así es, amigos, hoy proclamo mi desagrado hacia los especímenes (tanto literarios como en pantalla) cuya carisma es inferior a la de una anémona.


Verdaderamente me cuesta comprender cómo es posible que alguien cree protagonistas con la gracia allí donde la espalda pierde su nombre. Un protagonista suele ser el primero de todos y al que más mimo y cariño se le dedica, quien va a acompañar durante la inmensa mayoría de la obra (y si hablamos de un libro en primera persona, pues está hasta en la sopa) y a quien tenemos que aprender a querer desde prácticamente el principio.
Mi querida Wendigo, hablando sobre este tema, ha hecho la siguiente cuestión: ‘No sé quién sería el genio que dijo en voz alta que crear personajes medio huecos ayudaría al lector/espectador a identificarse con alguno de ellos llenando ese vacío con su carácter’; y lo cierto es que no puedo estar más de acuerdo con su duda existencial. No sé si yo soy cortita, pero no me puedo identificar con un personaje totalmente vacío que en nada se parece a mí y cuyas pocas características descritas distan totalmente de mi persona. Prefiero mil veces que me ofrezcan a alguien perfectamente construido y así poder querer a esa persona por ser lo que es, como un amigo, y no forzarme a mí misma a pensar que eso que estoy viendo soy yo.

El ejemplo más claro que se puede tener a este respecto en el mundo “literario” son las famosas “Rayitas”. Para quien no sepan quiénes son, se tratan de los/as protagonistas de numerosos fanfictions cuyo nombre es inexistente, simbolizado así: ‘______’ para que el lector coloque mentalmente en ese hueco su nombre. Rayita suele ser el máximo exponente de Mary Sue y Gary Stue (tema del que probablemente hablaré en un futuro).
Lo que ocurre con todo esto es que resulta imposible que todos los lectores se identifiquen con un personaje totalmente plano, porque siempre hay que poner un par de características (aunque ésta sea la estupidez que suelen identificar a tales seres vacíos) y eso ya espanta. Y aunque yo ponga en ese hueco ‘Chiri’, no me voy a creer que la protagonista soy yo; porque no tengo absolutamente nada en común. Y acabaré dejando la lectura porque no aguanto al personaje principal.
Queridos escritores del mundo, si los personajes principales son insufribles, te arriesgas a que sean tan detestados que los lectores abandonen tu obra. Intenta darles un poco de carisma, que no es tan difícil.

Si pasamos a una película o serie (e incluso cómic), donde no hay nadie narrándonos todo lo que ocurre ni estamos constantemente dentro de de la mente del personaje, tenemos que confiar más en lo visual y las líneas de diálogo. Y no sé por qué, pero cada vez es más complicado hallar en un metraje personajes que se hagan querer y se queden grabados a fuego (y lo único que podamos recordar de ellos no sea el atractivo físico del actor o actriz de turno). Claro, esto consigue que en cuanto aparece alguien que tenga una personalidad definida, nos gane por completo. Y no es porque sea un buen personaje, es que lo único que hay alrededor es morralla. ¿Tan difícil es crear alguien que se haga querer un poco? ¿Un personaje cuya muerte nos pueda dar pena?
Hay una genial frase que suele ser bastante utilizada en el género terror y es: ‘Sabes que los personajes son una mierda cuando estás a favor del asesino’.
Por desgracia, cada vez es más común la indiferencia hacia aquello que estamos viendo.
Un poco más de mimo hacia vuestro elenco. Los personajes son los que dan vida a la obra, si ellos la matan, da igual cuánto se intenten resucitar con efectos, color o guirnaldas.



¿Y tú qué opinas? ¿Los personajes te resultan indiferentes y no te impiden disfrutar de la obra? ¿Te identificas con todo lo que ves? ¿Más de una vez has deseado la muerte de alguien? Estaré más que encantada de leer tu comentario.


2 comentarios:

  1. Menos mal que escribo decentemente por Whatsapp, porque un poco más y citas hasta mi número de móvil, capulla. Creo que ya sabes lo que opino al respecto porque no han sido pocas las veces que nos hemos parado a discutir este tema, incluyendo en pleno surgimiento de esta entrada <3

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    1. Eres más exagerá que una tarde después de comer frijoles. Estuve por poner la ubicación de tu casa, pero después recordé que te mudas cada semana porque te persigue el Cobrador del Frac.
      Yo sé que tú estás a favor de los personajes planos porque así los podemos criticar de forma gratuita y además sentirnos bien con nosotras mismas.

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