2 de agosto de 2016

¡Yo también quiero leer!


Hoy vengo aquí, más que para expresar una opinión, a manifestar mi disconformidad con un hecho que si bien no es habitual, cuando ocurre me toca las narices de todas las formas habidas y por haber.

Leer. ¿Algo con lo que se crece desde temprana edad en exclusividad o una pasión que precisa disciplina? Personalmente, abogo más por lo segundo. Aunque muchos muchísimos lectores puedan presumir de llevar inmersos en los libros desde que levantaban dos palmos del suelo, ese no es el caso de absolutamente todos los usuarios habituales de este enriquecedor hobby. He tenido que oír salvajadas como que la lectura no es algo a lo que puedas sumarte en cualquier otro momento de tu vida, que los jóvenes y no tan jóvenes que empiezan de golpe y porrazo a leer sin haber sentido interés o iniciativa anteriormente solo buscan alardear por pura tendencia, o incluso que leen por postureo, ese concepto tan famoso y quemado desde que se convirtiera en una maldita plaga en boca de todo Dios.

Pues francamente, a otro con ese cuento, porque al igual que el de muchos, este ha sido mi caso particular. De niña jamás sentí interés por leer algo que no fueran los mismos cuentos clásicos que emitían en forma de series o películas animadas o, más adelante, los libros de lectura obligatoria en el instituto, que si bien le pillé el gustirrinín a un par de ellos, jamás moví un dedo por leer nada nuevo. Entonces, por ironías de la vida, acabé cayendo presa de los encantos de la escritura, y lo que empezara como una tímida afición difícil de compartir no tardó en convertirse en una pasión y forma de vida que, de todas formas, no me acercó una pizca a la lectura.

Sin embargo, escribir me llevó a conocer a gente con un gran historial lector, y a otras personas con el alma prácticamente hecha de papel y palabras (te estoy mirando a ti, Clau❤). Con el tiempo, trato con más lectores y la popularización de las redes sociales como plataforma para hablar de libros y visibilizar más el Booktube hispanohablante, dejó de haber un solo lugar al que mirar sin encontrar reseñas y comentarios de historias desde todos los rincones del mundo, con temáticas de lo más diversas y cantidad de promesas de arrancarte el corazón.

Fue entonces cuando me vino a la mente: ¡Yo también quiero leer!

Desgraciadamente, no lo conseguí a la primera, ni a la segunda, y mejor no sigamos con la cuenta de tropiezos. Empezaba los mayores fenómenos del momento y no tardaba más de cinco páginas en dejarlo hasta el mes siguiente, y el siguiente. Siendo como soy de impaciente (o más bien, era), que o bien manejo la situación a la primera o directamente asumo que no es ni será jamás para mí, estuve a punto de dejar de intentarlo de manera definitiva cuando el mismo día que había llegado a esa fatídica conclusión, el marido de mi madre, un ávido lector desde su juventud, me dijo "No deja de ser un hábito. Si creas la costumbre, al final lo tendrás hecho". Puede que según quién encuentre el comentario de lo más frívolo, pero a mí me ayudó a rescatar mi determinación inicial, y sí, pasé por una etapa de sentir la lectura más como una obligación que un placer, pero a día de hoy sigo agradeciéndoselo, pues de no ser por él, no habría reído, sufrido y llorado tanto como lo he hecho con los libros que han pasado por mis manos hasta el momento.

Es por esto que aquí y ahora quiero hacer un llamamiento a todas aquellas personas que no han conseguido caer rendidas a la lectura pero les gustaría que así fuera. Lo vuestro no tiene por qué ser un capricho pasajero o que necesariamente queráis posturear como ya os habrán dicho alguna vez. No os dejéis amedrentar por pretensiones de este tipo ni por el qué dirá nadie. Los lectores no son un club exclusivo de eruditos, y tampoco has de nacer con el derecho preconcedido. Si tenéis curiosidad, intentadlo, y si de verdad sentís que queréis pertenecer al maravilloso mundo de los libros, que el ánimo no caiga por toparos con una, dos, tres o cincuenta historias que no os hayan logrado atrapar. ¡Eso pasa hasta en las mejores familias! Solo ve a por la siguiente.

Si me lo permitís, os daré un par de recomendaciones que a mí me fueron de utilidad en su día:

  • Investiga si entre tus películas o series favoritas hay alguna basada en un libro o saga y échale un vistazo, ¡pero ojo al dato! Probablemente encuentres diferencias, pero por darle una oportunidad no morirás en el proceso.
  • Busca un momento del día en el que no pueda apetecerte hacer otra cosa, como cuando asistas a reuniones/vacaciones familiares o te estés preparando para dormir. Si estás en tu casa en pleno día posiblemente sucumbas al poder de internet.
  • Ficha primero unos cuantos títulos autoconclusivos o sagas que sean ligeras y no requieran de toda tu concentración para recoger datos, nombres inventados y hechizos mágicos. En Youtube encontrarás muchas recopilaciones de este tipo como "lecturas para el verano".
  • Las novelas afincadas en nuestros tiempos y dotadas de realismo pueden ser más fáciles de llevar, pero si sientes curiosidad por cualquier género más intrincado, no dudes en probarlo.


Si tenéis amigos o conocidos en estas condiciones y sois de leer hasta las instrucciones del móvil, animadlos y recomendadles vuestras historias favoritas. Y sobre todo, no los juzguéis por intentarlo. En su día dos personas conocidas me dijeron esas cosas tan mezquinas que comenté anteriormente, y por poco me pierdo todo lo que he vivido en tan poco tiempo gracias a los libros.


...Y bueno, si después de todo leer no es como creías y decides que de verdad no es para ti, pues Santas Pascuas, que no va a morirse nadie, pero tampoco tendrás que vivir con el gusanillo de lo que podría haber sido de no cerrar la ventana tan pronto.



Si tenéis más consejos o recomendaciones que añadir a mi escueta lista, ¡estaré encantada de leeros! Seguro que alguien os lo agradecerá profundamente.



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