20 de septiembre de 2016

Espiritismo literario: lectores fantasmas


Cualquier persona que tenga cualquier tipo de contenido en Internet y que requiera un mínimo de interacción o feedback conoce la sensación de saber, de un modo u otro, que su contenido es consumido y aun así no hay señal alguna de vida por parte de esos consumidores. Para que nos aclaremos, que nadie comenta.
Mi buena amiga Aanisa, quien cuenta con un blog demaquillaje y una revista digital de historia, me ha comentado en alguna ocasión que hay personas que cara a cara le comentan sus impresiones sobre su blog o revista, que admiten leer con frecuencia estos pero después no dejan ningún tipo de comentario en sus páginas. Estos, amigos míos, es lo que se llama “un lector fantasma” y que resulta algo sumamente común, abundan en demasía y cualquier creador de contenido se enfrenta a ellos.


Queremos proclamar, como buenas personas que nos consideramos los creadores de contenido, que no nos es necesario un reconocimiento constante y que somos felices subiendo nuestra obra a Internet, porque lo hacemos por amor al arte y disfrutamos de compartirlo aunque después nadie nos diga “ni bien ni mal”. Y al igual que decimos la verdad con esta afirmación, también mentimos como bellacos.
Libertad para todos. Si no quieres comentar, no lo hagas.
Esa es la teoría y queda muy bonito en un mundo utópico o en la mente de un creador que siempre cuenta con un alto porcentaje de feedback y le es indiferente tener consumidores fantasmas. Pero yo aquí, ante vosotros, os voy a hacer una confesión sumamente egoísta: llevo varios años subiendo escritos a Internet y no me gusta tener que usar una ouija para comunicarme con mis lectores.
Yo he empezado a crear contenido por amor y pasión a la escritura y, ya de paso, lo publico online para así obligarme a no abandonar los proyectos. Escribo por y para mí y mi moral no depende únicamente del feedback que pueda o no recibir; porque sé que en cuanto mi historia dependa lo más mínimo de otras personas, sé que todo se puede ir a la puta antes de lo que se tarda en pestañear. Eso, no quita por supuesto, que ya que está publicada, me gustaría conocer la opinión de otras personas; porque tras mis publicaciones hay algo más y es, sencillamente, poder llegar a algo más. Al querer dedicar parte de mi vida a escribir, sí me gustaría tener apoyo y cierto reconocimiento; y estoy segura de que no soy la única.
Ahora mismo puede parecer que cuento con mucha madurez, pero son los palos que me ha dado la experiencia lo que ha conseguido que me centre en mí; pues también he formado parte del grupo que arañaba las paredes por culpa de los lectores fantasmas. Y aun a día de hoy, con la mentalidad cambiada, todavía me matan de rabia.
¿Qué ocurre? Que también hay personas cuya única motivación para continuar adelante es el feedback y, a no ser que sigan unos pasos relativamente marcados para lograr subir en la escala independientemente de su calidad, quedarán posiblemente en la fosa del olvido.
Os voy a decir que jode mucho saber que tienes lectores porque la página en cuestión facilita la información de las visitas y, tras hacer uno mismo sus cálculos y estadísticas mentales, estar seguro de que tienes lectores fieles y que el porcentaje de estos no es comparable a la cantidad de comentarios. Está en la mentalidad de cada escritor conformarse más o menos con tal situación; pero incluso el más optimista se verá golpeado en alguna ocasión por la frustración.
No voy yo a enumerar ahora mismo por qué un escritor de Internet puede sentirse de un modo u otro, pues en realidad lo considero de sentido común y porque aquí no vengo yo a hablar de lo triste que uno se pone cuando tiene tantos lectores fantasmas que podría liderar un ejército de ellos.

Entonces, ¿a qué vengo yo aquí el día de hoy? Pues sencillamente a explicaros por qué no está bonito ser un lector fantasma, aunque sé que a pocos voy a convencer.
Veamos, centrándonos únicamente en escribir, aunque hay otros tipos de contenido en Internet, pero como a mí no me afectan tanto, se lo dejo para alguien más especializado en el tema, empecemos con la parrada interminable.
P.D: Os deseo suerte.

Aquellos que se dedican a escribir por hobby pueden perder más de lo que ganan. Escribir no es su profesión, no ganan dinero con ello y no se pueden permitir dedicar su vida única y exclusivamente a la escritura. Por ese mismo motivo, tienen que dedicar tiempo a hacer cosas más “productivas”, como trabajar o estudiar, quedando relegado el escribir a un segundo plano que, además, no suele estar valorado por parte de terceras personas, a no ser que estas compartan la misma afición.
Quien escribe por hobby pierde tiempo en ello. Pierde tiempo que podría estar dedicando a tareas que para otras personas son mucho más relevantes. O le dedica el escaso tiempo libre que su trabajo, su estudio o el resto de actividades de su vida cotidiana le permiten. Y eso es porque escribir no es su profesión.
Aquel que sube un contenido de forma desinteresada a Internet (en este caso un escrito) se arriesga a muchas cosas. Se arriesga a la crítica, al robo de contenido, se arriesga al fracaso y se arriesga a la desmotivación.  Pero a pesar de todo ello, lo intenta, porque quiere compartir su obra con otras personas, porque quiere entretener, porque quiere transmitir… y eso lo hace por amor al arte.
Cuando un autor publica su contenido en un foro, un blog, una red social, o una plataforma para escritores nóveles, lo hace de forma gratuita, no llevándose absolutamente nada por ello, excepto la satisfacción personal que pueda producirle (la cual varía bastante). Dedican mucho tiempo y esfuerzo en la creación de algo por lo que no van a llevarse remuneración alguna. Vuelcan ilusión en su obra y la comparten, y un escrito es como un hijo, como abrir tu alma.
¿Y sabéis qué es lo único que pueden recibir valioso? Un comentario. Exacto. Un simple comentario.
Horas y horas de tecleo, de comerse la cabeza, de imaginar, de crear, de reescribir, de corregir y de frustración a cambio de un comentario.
Lo único que el escritor pide es un comentario. Pide saber qué opinan de su obra, saber en qué puede mejorar, si gusta o no, saber que hay gente al otro lado de la pantalla, leyendo lo que escribe. Y no sabéis lo que desmotiva actualizar tu historia, completamente ilusionado, y ver que pasa sin pena ni gloria. Ver que has dedicado esfuerzo y horas en ello y que no lo valoran. Pero más desmotiva saber que hay muchas personas que lo leen y que no comentan.
Querido lector fantasma, ese escritor te está dando mucho y tú no le das nada.
Ese escritor te está ofreciendo un contenido gratuito que tú disfrutas. Un contenido que no se crea solo. Ese escritor tiene una vida, tiene sentimientos, tiene ilusiones, tiene prioridades y tiene obligaciones. Pero ese escritor arriesga todo ello para que tú pases un buen rato. Un rato que gozas escondido entre las sombras, sin mostrar en ningún momento que estás ahí.
Y entonces es cuando el escritor se siente mal, sus ilusiones se rompen y se desmotiva.
¿Qué te cuesta, querido lector fantasma, dejar un comentario? Te voy a contar un secreto: no va disminuir tu velocidad de conexión a Internet, no van a ir unos sicarios a tu casa a partirte las piernas, no va a acabarse el mundo, no se van a reír de ti, no te va a llegar una factura colosal a tu casa por comentar. ¿Pero sabes qué va a pasar realmente? Que vas a hacer feliz a una persona.
¿De verdad se merece ese escritor que tú estés ahí escondido?
Ya que dedicas tiempo a leer su obra, dedica un par de minutos extras a comentar qué te ha parecido.
Porque, verás, te voy a decir una cosa… tú no le haces un favor al escritor por leer lo que escribe, él te lo hace a ti. Él es quien te ofrece su historia de forma gratuita, el que te hace pasar un buen rato. Así que ten un poco de educación y consideración, y comenta. Aprende a valorar un poco las cosas, anda.
Y no me vengas, lector fantasma, con excusas del tipo:
 - No tengo tiempo para comentar. Si tienes tiempo para leer, lo tienes para escribir un simple y breve comentario.
 - Soy tímido. Estás en Internet; casi nadie sabe quién eres. No te cuesta escribir un comentario bajo un seudónimo.
 - ¿Y si comento y después sigo leyendo y la historia no me gusta? Es que voy a quedar mal. Los escritores no somos demonios desalmados. Comprendemos que llegado cierto punto las cosas hayan tomado un rumbo que no pueda ser del agrado de algunas personas. Comenta mientras te guste y cuando ya no tenga tu interés, explícaselo al escritor. Él lo entenderá y aprenderá de tu opinión.
 - No sé expresarme.  Un, “me gusta mucho, tu historia es buena, no me esperaba que sucediese bla, bla, bla, sigue así”; no requiere que estudies una carrera universitaria y hagas un Máster.
Así que haced lo que para vosotros parece un esfuerzo sobrehumano y dejadle un comentario a ese escritor. Aprended a ver la realidad un poco. No todo lo que ocurre al otro lado de la pantalla son unicornios y arcoíris. Ese contenido que lees no aparece por arte de magia, sin requerir el esfuerzo de otra persona.
Créeme cuando te digo que la presencia de los lectores es una de las mejores cosas que pueden sucederle a un escritor. Tu apoyo es uno de los pilares base de esa historia que tanto te gusta leer.

Querido lector fantasma, si después de todo esto decide seguir escondido, con todo mi respeto, permítame que le diga que no tiene usted vergüenza.

P.D: Hay páginas que facilitan poder apoyar una historia o dejar tu impresión sin necesidad de comentar (Wattpad, por ejemplo, da la opción de votar), así que a ver si dejamos las excusas y tenéis un poquito más de decencia.  




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