13 de septiembre de 2016

¡¿Yo salgo?!


El ser humano es egocéntrico y narcisista por naturaleza. Un ejemplo de ello es mi sobrina de dos años que adora contemplar su imagen, ya sea un espejo, una fotografía o un vídeo. Seamos felices y pensemos que no todo el mundo es un gran exponente del pecado de la soberbia; pero admitamos la realidad y es que, en comparación, la vanidad gana.
No voy a juzgar yo el amor propio de cada sujeto o lo que le guste a cada uno tener un hueco más o menos privilegiado en algún sitio, pues yo misma soy una pecadora de la pradera en ese sentido; pero el límite de la consideración la gente es muy propensa a cruzarlo. ¿A qué me estoy refiriendo? Es muy simple, a la obsesión que tiene un gran porcentaje de la población por hacer acto de presencia en alguna creación de un amigo/conocido/familiar/vecino sin haber hecho ningún mérito ni esfuerzo para ello.


Es común, mis piltrafillas, decir que estás escribiendo una novela y salte el cojo de turno, una amistad aleatoria entre el público, que pregunte inmediatamente si él aparece en tu historia o, si ya tiene la cara más dura que el granito de la encimera de mi habitación (sí, tengo una encimera de cocina en mi dormitorio, pero ese no es ahora el tema) te pedirá/exigirá salir en ella. Si estás comenzando en el mundo de la escritura, eres alguien de voluntad débil, valoras a las amistades de ese tipo más de lo que deberías o, sencillamente, todavía gozas de divina inocencia, ¡ten cuidado, my friend!, porque si ese sujeto finalmente hace un cameo como extra al fondo a la derecha en tu novela, te exigirá más; y ya no podrás escapar nunca.
Por eso, yo te voy a dar uno de los consejos más valiosos que te puedan dar nunca cuando de escribir se trata, uno básico, de sentido común y sumamente simple; aparentemente obvio y el cual se difunde menos de lo que debería: nunca, jamás, saques a alguien cercano/de tu entorno en tus historias. Es más, incluso me atrevería a decir que no te bases demasiado en un conocido para crear un personaje sin haberlo hablado y pactado previamente con el susodicho; porque como se dé cuenta de que Palomino, alias el Moco Pestoso, está inspirado en él y no se lo has dicho; puede haber un problema y yo ya te he avisado. Y pocas veces un personaje basado en una amistad acaba bien en la novela, hazme caso. Así que mejor crea uno 100% original y quien quiera ver parecido, que lo vea, pero tú tendrás la conciencia más que tranquila.

Si no tienes demasiada experiencia en el dale que te pego a las teclas puede que te cueste ver el problema que supone que te pidan el típico “sácame en tu novela”, “yo quiero salir en tu historia”, “¿puedo aparecer aunque sea una vez de pasada?”; pero es que es tan obvio que duele pensarlo. Antes que nada, esa historia es tuya y de tus huevos toreros, y si no se te ocurrió introducir conocidos antes de que ellos mismos te lo mencionasen, es porque no querías, ni lo pensaste (ni te lo planteaste siquiera) ni te pareció importante; así que ahora no tiene que llegar nadie para decirte lo que tienes que hacer con ella. Y te voy a decir una cosa antes de que te confundas: eso no te va a promocionar. Esos amigos quieren verse a ellos y les da igual dónde sea; y si les gusta cómo los has plasmado te alabarán, pero porque son ellos mismos y les parece bien; si no fuesen ellos, la percepción cambiaría radicalmente. Y si necesitas más motivos, piensa esto: ¿cuántos de esos colegas se interesan realmente por tu novela más allá de si salen ellos o no?
Conocidos han ignorado en toda mi cara obras mías, proclamando el poco interés que les suscitaba, hasta que han descubierto que, por X motivos que no vienen a cuento, hacían algún tipo de aparición en ella. Entonces, en toda mi cara, leían esa obra, buscando expresamente las escenas donde ellos aparecían, ignorando el resto con descaro ofensivo, y preguntando “¿este soy yo?”, con resultados obvios y de sinvergüenza en el caso de ser respuesta negativa.  

¿Necesitas más motivos? Pues no sufras que Chiri te los da. Es un compromiso. Y a nadie le gustan los compromisos. Lo más probable es que haya que meter al susodicho sujeto con calzador y estar atento a no hacerlo mal, no vaya a ser que se disguste (pero no hay que comerse mucho la cabeza con eso, porque a lo mejor después ni se molesta en leerlo). Entonces pasas de preocuparte por cómo va a salir tu protagonista del lío en que lo has metido a pensar qué vas a hacer con Menganito, que te ha dicho dos veces que quería salir en la novela.
Si Menganito es más pesado de la cuenta, te verás obligado a cumplir ese “claro, yo escribo una parte donde salgas” que dijiste por quedar bien. Y reza para que Menganito no te pida más. No, en serio, reza como no lo has hecho en tu puta vida, porque como se te vaya la olla y pienses que no pasa nada por darle más protagonismo de la cuenta ya le puedes ir diciendo adiós a la historia, porque la has cagado.
La inocencia y la inexperiencia llevan a creer que es emocionante que te pidan salir en tu novela, ya que crees es algún tipo de sinónimo de interés, y no hay nada más lejos de la realidad. En serio, no lo hagas. En cuanto te comprometas un mínimo con la historia te sobrarán todos esos individuos que introdujiste de manera forzada y te verás en la tesitura de mantenerlos o deshacerte de ellos y a ver cómo lo explicas sin quedar como la mierda. ¿Sabes una cosa? En realidad no es tan importante para ellos que tengas que eliminar a su representante imaginario en tu mundo imaginario que siempre les resultó indiferente; pero eso no lo sabrás tú hasta que seas una persona madura en el mundo de la escritura. Así que ahórrate el disgusto y mal rato y niégate desde un principio.

Tampoco, querido/a de mi alma, caigas en la trampa tú solo bajo este pensamiento:
-          Es mi mejor amigo y voy a meterlo en la novela tal y como es, en todo su esplendor, porque, tú sabes, es la amistad pura, dura, verdadera y eterna. ¿Qué puede salir mal?
-          Está escribiendo una historia y salgo yo, así que tengo que hacer lo propio.
-          Es de los pocos que parecen mostrar interés en mi novela así que, como forma de agradecimiento, que también sea un personaje y ya de paso lo sigo manteniendo leyendo. Y si me pregunta sobre mis avances, mejor.
-          No se me ocurren ideas para un personaje, voy a meter a Menganito, que es un tipo muy singular. O, su variante, voy a pedir ayuda a alguien y que me dé él un personaje salido de su cabeza (lo que viene siendo en el mundo de Internet: hacer un casting).

En serio, pensáis que no pasa nada,  pero sí pasa. Y cuando os pase, os daréis cuenta de que Chirimoyo, la Teniente Patata, tenía razón.

Y, gente del mundo, cuando sale de lo más profundo de vuestro ser preguntar de forma automática si salís en una historia de cuya existencia os acabáis de enterar,  o pedís sin miramiento formar parte de ella, ¿en qué pensáis? Si queréis veros plasmados a la perfección, os podéis mirar en un espejo o cualquier otro tipo de superficie reflectante. O si queréis saber qué imagen tiene ese amigo de vosotros a través de cómo os plasma en su universo, buscad otros métodos menos comprometidos hacia su persona, como preguntarle directamente o hacer un test del Facebook. Si no pensó en vosotros desde un inicio, es porque sobráis en ese mundo que ha creado y no va a salir nada bueno de vuestro egocentrismo. Y no sois tan importantes para que os metan en un proyecto serio y con madurez. Pero tampoco penséis que sois la mierda absoluta por no aparecer en la novela. Sencillamente no sois personajes originales de ésta. Si preguntáis “¿salgo yo?” (que no sé ni por qué lo hacéis, la verdad) y la respuesta es negativa, no os sintáis ofendidos y dejadlo estar; apoyad a vuestro amigo, que es lo que hay que hacer verdaderamente. Y si, por un casual, os dice que sí, ya le podéis ir convenciendo de cambiar de idea a no ser que sea una obra paródica y cómica donde todo el grupo vive aventuras plagadas de sátira.
En serio, os lo digo desde lo más profundo de mi corazón como persona que lleva escribiendo desde hace años y ha cometido muchos errores, es una putada que insinuéis siquiera querer hacer acto de presencia en una historia propia y original. Y si pensáis que estoy exagerando, echadle un ojo a otras entradas reflexivas sobre los dramas de querer ser escritor y veréis lo que es tirar de un proyecto y que no está la cosa como para tonterías.

Palabra de glitch.





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